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Imágenes, relatos y sabores / Compilado de varios autores

I. Entrada: alimentos en la cultura

Importancia del estudio de la alimentación desde la antropología

Aída Cecilia Gálvez Abadía*

Al ocuparse de estudiar la alimentación, los antropólogos encontramos un campo vastísimo de reflexión, desde el cual comprender la vida social. Basta con preguntarnos por todo lo que implica disponer de comida de modo regular y satisfactorio, en el día a día de los miles de millones de personas que poblamos el planeta.

El primer aspecto que surge es el análisis de los dispositivos económicos movilizados para satisfacer la necesidad de alimentarnos. Con razón, Audrey Richards la investigadora británica y pionera de los estudios sobre el tema, señaló en los años 40 el carácter fundante de la alimentación para cualquier sociedad. Aquí topamos con los ámbitos de la producción, la distribución, el intercambio y el consumo y con las caras globales, nacionales, regionales y locales que responden a tamaña responsabilidad. En todas partes, la gente se afana por disponer de alimentos, indispensables para reponer la energía, pero también para mediar las relaciones sociales.

Esto nos permite interpretar el papel de los alimentos en los diversos escenarios y momentos de la interacción social. A través del comer y de hacerlo gregariamente, los antropólogos captamos la arquitectura de cada sociedad y leemos el sistema de estatus, que hace impensable por ejemplo, agasajar a un invitado con la preparación diaria y servida en vajilla desportillada, y explicarnos por qué no se comparten alimentos con quienes nos son antipáticos. De este modo, se esclarecen las normas que regulan el consumo, y que definen cuándo, dónde, de qué manera(s), con quién(es) y qué comer.

Visto así, la alimentación podría parecer cuestión de aplicar un esquema predeterminado, a una necesidad biológica que se articula funcionalmente al mantenimiento del orden social. En realidad, no funciona tan al pie de la letra. Los hechos alimentarios obedecen así mismo al plano individual que esboza cada cultura, asunto que nos lleva a enriquecer el análisis antropológico con una perspectiva psicológica. Comprenderemos pues, las preferencias, las aversiones alimentarias y el potencial de los alimentos para expresar reprobación/aprobación social aplicado a la crianza infantil o al cortejo, el cual suele implicar regalos alimentarios para halagar a la persona amada.

Un último asunto que quisiera señalar en este rápido bosquejo, es cómo la alimentación resulta ser quizá el principal reto para millones de familias en el mundo y sobre todo para las madres, dada la división de géneros que ha responsabilizado a las mujeres de suplirla. Desde la taza de té verde suministrada en las empobrecidas regiones del África para “despachar” a los niños a la escuela, hasta las sopas de sobrados preparadas por las mujeres de Vallejuelos en las laderas de Medellín luego de tocar puertas por todo el barrio, el estudio antropológico de la alimentación nos habla de la capacidad humana para afrontar las carencias, en un mundo que pese a la formulación de políticas de lucha contra la pobreza, dista de garantizar la seguridad alimentaria de la población.

PhD en Antropología Médica (Universidad de Róbira, España)
Maestría en antropología de la salud (Universidad de Quebec); Antropologa (Universidad del Cauca)
Docente e investigadora Departamento Antropología de la Universidad de Antioquia
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