I. Entrada: alimentos en la cultura
Más que una necesidad
Rafael Alonso Mayo López*
Para muchas personas está claro que la alimentación no es sólo una actividad biológica que realizamos los seres humanos para obtener energías y cumplir con nuestras actividades vitales. La comida es mucho más que una mera colección de nutrientes elegidos de manera racional por indicación de nutricionistas y científicos expertos en el tema. Según el antropólogo español Jesús Contreras, la alimentación es además un fenómeno social, psicológico, económico, simbólico, religioso y, en definitiva, cultural en el más amplio sentido del término.
Ahora, lo que debemos comer y los alimentos que representan tabúes para su consumo está definido por la cultura a la que estamos adscritos; es esta la que dictamina lo comestible y lo no comestible, lo perjudicial y lo adecuado. Así, para comprender por qué la carne de cerdo es prohibida entre los musulmanes y judíos, o a que se debe la inapetencia de la carne de caballo, de culebra o de perro en la mayoría de los países occidentales, es necesario hacer una revisión del contexto cultural en el que cada sociedad se desenvuelve.
Pero, como se afirmaba al inicio, al alimentarnos o al consumir ciertas comidas damos más importancia al hecho como factor sociocultural más que nutricional, pues el hombre no es sólo la combinación de sistemas biológicos que reaccionan ante ciertos estímulos naturales sino también un ser social que consume por prestigio (poder acceder a un alimentos costoso y escaso), para significar riqueza y poder político, iniciar y mantener relaciones personales y de negocios (fiestas y celebraciones) o representar un estatus social superior al de si mismo y al del común de la gente.
Todo eso y mucho más se evidencia en lo que comemos, cómo lo comemos y en qué momento, porque además éste podría representar el respeto hacia los demás, el cuidarnos de consumir algún alimento en el momento inadecuado.
Nuestra alimentación
Por esa necesidad de los seres vivos de tener que alimentarse, el hombre desde sus primeros orígenes y hasta el presente siempre debe luchar por sobrevivir en su medio, y aprovecha todo lo que éste le ha proporcionado: plantas y frutos, peces y animales terrestres con los que combatía en una guerra sin fin para obtener su comida y preservar la especie.
Los tiempos no han cambiado mucho, pero ahora eso que consumimos genera otras connotaciones más simbólicas y representativas, al punto que existen ciertos componentes que son rechazados por encontrar en ellos determinados defectos. Para traer sólo un ejemplo se podría mencionar la fobia que las sociedades modernas han tenido durante muchos años ante el consumo de grasa.
Los productos que tienen dentro de su configuración nutricional un alto grado de esta sustancia, y otros similares, han sido marcados por esta sociedad como perjudiciales para la salud, y eso se ha convertido en un factor de presión para muchas personas que tienen como referente el obtener éxito y alcanzar reconocimiento, tener un cuerpo esbelto y una figura que represente el prototipo ideal impuesto por los medios informativos.
Y no es porque la grasa sea o no perjudicial para la salud, de hecho lo es y mucho, sino que el consumo o no consumo de uno u otro producto genera nuevas tendencias que satisfacen las necesidades alimentarias de estos consumidores de curvas y medidas perfectas.
Para la muestra, el aumento acelerado de los llamados productos light considerados para la gente como los sanos y saludables asociados a una alimentación equilibrada.
En fin, podríamos seguir enumerando ejemplos para representar que los alimentos que muchas veces consideramos en casa no sólo cumplen la función de mantenernos sanos y saludables sino también de alimentar nuestro ego y ese espíritu consumista, lastima que un alto porcentaje de los colombianos no pueda tener acceso, ni siquiera, a los alimentos básicos de la canasta familiar, aunque sea para satisfacer los requerimientos nutricionales más elementales, así como vivieron nuestros primeros ancestros.
*Estudiante de Antropología, Universidad de Antioquia
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