Después de la revolución neolítica, hace aproximadamente 10 mil años e ilustrada en primera instancia por Gordon Childe, gran parte de la humanidad pasó de ser cazadora-recolectora a desarrollar técnicas hortícolas y agrícolas para abastecerse de alimentos. Se piensa entonces en el inicio de la concepción de huertas itinerantes, de cultivos estables, del almacenamiento de alimentos y por ende de unas mejores condiciones para la supervivencia, permanencia y/o aumento de poblaciones humanas. Se dan condiciones para la sedentariedad, que con el paso del tiempo tuvo implicaciones en la seguridad alimentaria de dichas poblaciones garantizando su subsistencia. Pero ¿qué alimentos tenían las características necesarias para propiciar estas garantías? básicamente los vegetales con alto contenido de carbohidratos como los son el maíz, la yuca, la papa, el trigo, el arroz, el ñame, el taro o el mijo entre otros, llamados Staple, alimentos de base o alimento principal, de los cuales se sabe que cubren el régimen alimentario de tres cuartas partes de la población mundial.
Casos de estos tenemos por montón. Para nosotros el arroz el es el alimento base, en muchas comunidades embera el plátano, en grupos del Amazonas se podría hablar de la yuca, estos a su vez puede estar combinados con otros. Lo más interesante es que en épocas de escasez o hambruna, estos alimentos permiten afrontar las necesidades alimentarias, pues, generalmente se propagan con facilidad, se conocen bien sus prácticas culturales de cultivo, crecen rápido, en gran cantidad y presentan individuos de varias especies resistentes a diversas condiciones climáticas y biológicas; esto les permite perdurar en diferentes épocas. Por otro lado, en sus diferentes formas de preparación y consumo permiten ser almacenados, conservados, transportados o encontrados in situ para momentos posteriores y para intercambios con grupos humanos que puedan ofrecer otro tipo de producto como, por ejemplo, alimentos con contenidos proteicos altos u otro producto.
Estos alimentos son generalmente insípidos o monótonos, por lo tanto, ideales para ser acompañados por un complemento, que en la complejización de las costumbres alimentarias son las legumbres, las verduras, los condimentos entre otros, así como otros comestibles ricos en proteínas. Este acompañante, por un lado, ayuda a la ingestión y la enriquece, pudiéndose representar también en salsas las cuales desencadenan reacciones como picar, quemar, dar sed, irritar membranas por ser amargas, agrias, saladas o dulces, etc.
Un ejemplo de dicha combinación la tenemos en la china, cuando se discriminan los alimentos como: lo que nutre (fan: arroz) y lo que gusta (sai: salsa), lo cual nos da la idea de lo gustoso, pues el complemento usualmente contribuye a la palatabilidad.
Los hábitos alimenticios tienen que ver con todo lo relacionado al cultivo, cosecha, procesamiento y consumo, de modo que las relaciones sociales y culturales que se generan alrededor de todo este proceso, nos resalta que la relación con el alimentos no solamente es de carácter económico o biológico, sino también, parte del universo de significaciones que creamos alrededor de ellos, posiblemente desde mucho antes de la revolución neolítica y obviamente aún hoy.
De esta manera, se ilustra que las características de la dupla alimento de base y complemento, permiten su perdurabilidad, pues han abastecido hasta en condiciones de hambruna, en diferentes épocas de la historia, tanto desde lo biológico como desde lo sociocultural, a la humanidad.