II. Plato fuerte: alimentos académicos
Hambre provechosa: hombre comestible
Una fórmula sencilla para una sociedad satisfecha
Edwin Andrés Sánchez*
“La gana de comernos es común con las fieras;
sólo presupone hambre y la necesidad de acallarla”.
Anthelme Brillat-Savarín
No cabe duda alguna de que el interés de las sociedades por formular soluciones precisas, a los problemas que las aquejan, sobrepasa el plumón y el folio, respectivamente firmado, sellado y por supuesto, encarpetado. En ocasiones tomar medidas frente a fenómenos como el hambre, requiere recetas que se aproximen más al asunto, que hagan posible a guisa de ecuación, acciones encaminadas más que a darle solución al problema, espantarlo. Encontrarle respuesta a la pregunta hambre, requiere de momentos para cavilar, y definitivamente llegar al acuerdo de que su resolución trasciende el papel aderezado con tinta, se precisa de un plan certeramente formulado; es fundamental tomar cartas en el asunto; humanizarlo, generar respuestas que puedan ser efectivas y beneficiosas con el fin de aplacar el hambre que instiga a la humanidad.
Con el animo de echarle una mirada, a lo que en las sociedades se promueve como ideas posibles para encarar todo tipo de dificultades, comentaré un proyecto en particular, que no salió del papel, pues fue en su momento una pieza de la literatura inglesa; no obstante pretendía a través de una creación hilarante, poner unas practicas, que en todo caso beneficiarían sobremanera a la sociedad de su época.
No es en ningún momento una pretensión efectuar un análisis de la obra, a manera de crítico literario; ni mucho menos desmigajarla; aunque no sobra decir, por demás, que entre la literatura inglesa, es una porción bastante provocadora. Sencillamente pondré sobre la mesa, cómo un conjunto de ideas visionarias tuvieron las buenas intenciones de acabar con uno de los flagelos de la humanidad: la pobreza; agregando algunos comentarios que posiblemente le hagan de un mejor gusto, y que permitan de manera discreta vislumbrar los alcances de dicha propuesta.
Escrito para el año de 1729, “Una modesta proposición para impedir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o su país, y hacerlos provechosos para la sociedad”, hace parte de un manojo de textos que Jonathan Swift escribió insistiendo en la necesidad de aliviar la pobreza en Irlanda, que era el padecimiento más generalizado al interior de su sociedad en los inicios del siglo XVIII.
Swift en su modesta proposición abogó por el mejoramiento de las condiciones de vida tanto de pobres como de ricos, amparado bajo el proyecto devastador de comerse una ración de los marginados, con lo cual la población se hubiera visto depurada y por consiguiente la prosperidad hubiera llegado al reino de Irlanda.
Alimentar a los pobres o alimentarse de los pobre
Por lo acontecido en el escrito de Swift, es de imaginarse, que la mendicidad era una de las “profesiones” más difundidas en Irlanda; las mujeres mendigas eran seguidas de un séquito de tres, cuatro y hasta seis niños. Tal escena generaba en la población, igual que ahora, malestar y aflicción; encontrarle remedio a ello fue desde el comienzo la empresa promovida por esta sencilla posición. ¿Qué se requería? Simple, encontrar un método justo, barato y fácil para hacer que estos niños fuesen miembros sanos y útiles a la comunidad.
Al igual que sacar adelante cualquier tipo de campaña, por lo menos en teoría, se requería establecer cálculos. Irlanda, contaba con algo más de un millón de habitantes para la época de Swift; de los cuales ciento veinte mil eran hijos de pobres que nacían anualmente; no obstante, en esta estadística subyace una dificultad apremiante, era casi imposible criarlos y proveerles alimento; nadie los emplearía y no sería muy extraño que se iniciaran en las “artes” del robo, para ganarse la vida antes de los seis años. La proyección estadística continúa, reservando de los ciento veinte mil infantes la quinta parte, guardándola para la reproducción; y así garantizar una fuente de párvulos tiernos.
Los cien mil restantes cuando tuvieran un año de edad, serían vendidos a las personas con categoría y fortuna; Swift tuvo siempre en cuenta el bienestar del prójimo, y aconsejó que la madre los amamantara abundantemente en el último mes, con fines de aprovisionarlos rollizos y cebados.
La propuesta del plan benéfico de Swift, consistía en un canibalismo humanitario, pues se presentaba una necesidad apremiante, salvar a los pequeñuelos desventurados de sus penurias. El término canibalismo se presenta como una palabra redonda, manual y casi sabrosa. Antropofagia o canibalismo significan el acto de comer carne humana; forma de alimentarse ilícita, antinatural, algo realmente abyecto, que no puede ser sujeto a ninguna indulgencia(1). La fuerza que cobran los argumentos de Swift, se evidencia en la manera que justifica la razón de ser de su proyecto; aunque por ser maravillosamente delirante, expresa una preocupación común, y supone buscar conductas para aliviar a su nación de una carga tan gravosa como las personas pobres. El sacrificio de una parte de la sociedad no significa que haya muerte, sino apenas un equilibrio que asegure la supervivencia de los otros.
Considerando la supervivencia como máximo valor, en el caso de la obra de Swift de los más aptos, ellos, devorarán a los más hambrientos, dulce ironía cuando el hambre, primitiva y desenfrenada, sigue una ética de lucha evolucionista, convertida en la principal función de la existencia humana, provocando guerras que limpian a las sociedades de los más flacos(2). Así, el hambre como simple condición física es la única ley de la vida y el principio de sobrevivencia.
Un festín en pañales
El valor que adquiere un individuo para su sociedad, dependerá única y exclusivamente de la misión ejercida en ella; del cumplimiento de los deberes para participar en el proyecto de sociedad; ser útiles y provechosos a la mancomunidad.
En el plan de Swift un infante de un año de edad, bien alimentado y rebosante de salud, perfectamente puede ser una deliciosa comida, además de nutritiva y sana, en diversas preparaciones: cocido, dorado, asado o hervido; como también sería de gran delectación para las personas de bien, dispuesto en un fricasé o en un guisado.
Un pequeñuelo bastará para dos platos cuando se esperan visitas; cuando en familia se consume el cuarto anterior o posterior, formarían parte de un platillo generoso; al cual le vendrían bien sazonarlo con un poco de pimienta o sal. Un buen niño henchido le costará a un caballero diez chelines, el cual puede ofrecer una excelente y nutritiva carne, que suministrará, siendo de muy buen gusto, los nutrimentos esenciales en elementos altamente concentrados. Como fuente de proteínas, fisiológicamente resulta más eficaz que los vegetales alimenticios(3); de ahí que puede ser aparejado a la carne de cerdo, carnero y demás, con la ventajosa característica de que ésta es más tierna.
Dentro de su proyecto macabro, Swift consideró muchas otras opciones, como el establecimiento de carnicerías puestas al servicio de la comunidad; no obstante, hace hincapié en su recomendación de comprar los niños vivos y aderezarlos recién degollados, tal como se hace con los lechones asados.
Además, advierte de manera siniestra, que para los amantes del buen vestir, les es posible despellejar el cadáver y curtiendo esta piel, será un excelente material en la fabricación de guantes para dama y de botas de verano para los caballeros distinguidos.
El panorama que ha enmarcado la antropofagia es de barbarización y sobre todo de deshumanización estructuralmente opuesto al carácter de lo humano(4). La propuesta de Swift no es la excepción, su plan albergaba de forma desgarradora, una manera de diezmar la población y asegurar un alivio para la sociedad, al librarla de semejante tragedia que es la pobreza.
El canibalismo estaba principalmente dirigido a los enemigos, lo cual posibilita evidenciar que esta práctica, siempre se asoció con la guerra(5). Su irónica forma de concebir un proyecto de sociedad, se declara como una lucha contra un adversario común: la pobreza; sin embargo, la sátira se fortalece cuando la pobreza es traducida en hambre, y la mejor forma de librar tan cruenta batalla es devorándosela. “Concedo que esta comida será cara, por ello muy apropiada para los terratenientes, quienes, como ya se han devorado la mayoría de los padres, parecen tener derecho a los niños antes que otros”(6).
Por demás, la sátira expresa el estado en el cual se encontraban las condiciones sociales, la situación material de Irlanda, que presenciaba la supremacía de clases sociales sobre otras, tal panorama no le fue en ningún momento indiferente a Swift, pues impulsó la obra, que se hacía más necesaria, por razones de un bien público, mediante la activación y promoción de comercio, el cuidado de los niños, el alivio de los pobres y procurar algún placer a los ricos; teniendo siempre en cuenta que la riqueza de una nación reside en su población.
Defensa y aprovechamiento en el consumo del prójimo
El sentido filantrópico de las idealizaciones promovidas por Swift, se ve manifiesto cuando se resuelve la productividad del proyecto; el margen de ganancias no beneficiará única y exclusivamente a quienes en sus apetitos se inclinen por los críos mollados; las mujeres reproductoras, además de la ganancia de ocho chelines por la venta de sus hijos, se librarán de la carga de mantenerlos después del primer año. Así mismo, las ferias se verán provistas de ejemplares que puedan llegar a pesar hasta veintiocho libras, gracias a la competencia entre las mujeres por cuál de ellas saca al mercado el niño más cebado.
Otra ventaja que tuvo en cuenta Swift, tiene que ver con la afinidad y el amor que la campaña surtiría en cuanto al efecto a las parejas, padres de los niños; es en demasía risible y posee el tinte propio de las familias que desean salvaguardar su patrimonio; percibido de esta forma, Swift declara de la siguiente manera: “Los hombres se volverían tan querendones de sus mujeres durante su preñez como lo son ahora de sus yeguas con potro, de sus vacas con ternero, o de sus marranas a punto de parir lechones; no les pegarían ni engañarían por temor a un parto prematuro”.
Vislumbrando una proyección del plan, se estimaba que el capital de la nación se incrementaría en cincuenta mil libras por año; igualmente sería un magnifico provecho por la adopción de un nuevo plato, “introducido a la mesa de todos los caballeros acaudalados, que tengan algo de buen gusto y refinamiento, dignos de personas que gozan del buen comer. El dinero circulará entre nosotros, siendo la mercancía enteramente de nuestra propia crianza y fabricación”(7).
Aunque no era la visión propia en el plan de hincarle el diente a los pequeñuelos que nadaban entre la penuria; los caníbales siempre han sido representados como ogros, como inhumanos; se despierta así la impresión de que la avidez de carne humana es una abominación fuera de lo común(8). No fue el caso para las aspiraciones de Swft, en ellas los come niños serían tomados por personas con gran sentido de benevolencia; los propietarios aprenderán a ser buenos terratenientes y gozarían de una increible popularidad entre sus colonos.
Los deseos de otorgarle a la comunidad una suerte de respiro, frente al atosigo que pueda ocasionar una penosa dificultad, se manifiestan como la conciencia en el sentido de estar alerta, de pensar y adoptar decisiones basadas en el cálculo de los costos y beneficios inmediatos de tipos alternativos de acción(9). Swift fue consciente de la influencia de los modos de producción y reproducción, y de la amplitud de estos frente a la productividad de los menos aptos, con fines de procurar un rendimiento, que en última instancia favorecería a toda la mancomunidad.
En la fórmula de Swift, la situación requiere desapegarse de un prejuicio supersticioso o por lo menos sentimental contra la ingestión de la carne humana(10). La justificación de su consumo responde a la exigencia no solo de cortarle el paso a la situación deplorable que tenía hasta el cuello a algunos personajes irlandeses; también atendía la demanda para tener la posibilidad de consumir una carne relativamente mejor; considerando al hombre como a un animal como los demás, sabiendo distinguir culinariamente y viendo en él, el mejor plato, no otro mono ni un perro(11).
Si la comida normal trasciende la mera dimensión alimentaria, afirma Aguirre, la comida caníbal está tan cargada de connotaciones culturales y psicológicas que la consideración alimentaria pasa a segundo plano. Salvo en casos extremos de penuria alimentaria y enfermedad mental “la antropofagia es una institución social con reglas estrictas y en el marco de una ritualización perfectamente definida. Así, la víctima que se va a sacrificar o el cadáver a consumir se elige cuidadosamente, así como las partes ingeridas”(12).
Para darle término a estos asuntos, sería pertinente enterarse de que Swift no fue el único preocupado por generar propuestas que aliviasen las vicisitudes de la población más necesitada; guarda una estrecha relación con los intereses del irlandés, el presagio que un autor contemporáneo tuvo entre sus cavilaciones a cerca de los problemas que azotan a la población mundial; “se vaticina que en los próximos años asistiremos a un recrudecimiento del canibalismo alimentario de subsistencia debido principalmente al vertiginoso aumento de la población sobre todo en las zonas más deprimidas del planeta, y a la desnutrición que sufrirá, si no se pone remedio una gran parte de la humanidad”; escribe Coperias retomando un relato de Martín Monestier en Cannibales (Le cherche midi editeur París, 2000).
Semejante pronostico requerirá de esfuerzos mancomunados, porque para alimentar a la población mundial habrá que desacralizar el cuerpo humano y despojar a la antropofagia de las connotaciones peyorativas de salvajismo y primitivismo, pues los gobiernos se verán forzados a retomar un canibalismo de supervivencia planificada, controlado e industrializado(13).
Para finalizar y antes de que el asunto se torne indigesto, con base en la antropofagia, se afirma que el hambre es más significativa que la muerte, porque la conciencia de la muerte dura poco y acaba de una vez, en tanto que el hambre prolonga la conciencia de la condición humana y promueve el entendimiento del universo(14).
“Es aberrante que se desperdicien las proteínas humanas cuando existe tanta hambre en el mundo”(15).
Notas
(1) Spiel, Christian. El mundo de los caníbales. Primera edición. Ediciones Grijalbo. 1974.
(2) Jackson, K. David. "La metáfora antropófaga". En: Cuadernos Hispanoamericanos. Nª 598, 2000, p: 27-34.
(3) Harris, Marvin. Caníbales y reyes. Los orígenes de la cultura. Editorial Salvat. España, 1986.
(4)Clavijo, Poveda Jairo. "El canibalismo como práctica y como representación". En: Revista Universitas Humanística. Nº 50. Universidad Javeriana. Santafé de Bogotá, 2000.
(5)Ibíd.
(6) Swift, Jonathan. Escritos satíricos. Editorial Norma. Bogotá, 1991.
(7)Ibíd.
(8) Brunn, Buckhard. “¡Comedme, que saborearéis vuestra propia carne!”. En : Revista Humbolt. Vol 42, Nº 129. 2000.
(9) Harris, Marvin. Caníbales y reyes. Los orígenes de la cultura. Editorial Salvat. España, 1986.
(10) Spiel, Christian. El mundo de los caníbales. Primera edición. Ediciones Grijalbo, 1973.
(11) Ibíd.
(12) Coperias, Enrique. "Vuelven los caníbales". En: Muy Interesante. Vol. 16, Nº 183. p: 22-27. Santafé de Bogotá, 2000.
(13) Ibíd.
(14) Jackson, David. La metáfora antropófaga. En: Cuadernos Hispanoamericanos. Nª 598. p: 27-34. 2000.
(15) Ibíd.
Bibliografía
Brunn, Buckhard. “¡Comedme, que saborearéis vuestra propia carne!”. En : Revista Humbolt. Aó 42, Nº 129. 2000.
Clavijo, Poveda Jairo. "El canibalismo como práctica y como representación". En: Revista Universitas Humanística. Nº 50. Universidad Javeriana. Santafé de Bogotá, 2000.
Coperías, Enrique. "Vuelven los canibales". En: Muy Interesante. Vol. 16, Nº 183. p: 22-27. Santafé de Bogotá, 2000.
Harris, Marvin. Caníbales y reyes. Los orígenes de la cultura. Editorial Salvat. España. 1986.
Jackson, K. David. "La metáfora antropófaga". En: Cuadernos Hispanoamericanos. Nª 598. p: 27-34. 2000.
Spiel, Christian. El mundo de los caníbales. Primera edición. Ediciones Grijalbo. 1974.
Swift, Jonathan. Escritos satíricos. Editorial Norma. Bogotá, 1991.
*Estudiante de Antropología, Universidad de Antioquia
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